
El político neerlandés defiende reconocer los avances panameños, cuestiona las restricciones pesqueras y analiza oportunidades comerciales mientras Bruselas evalúa una decisión prevista para octubre próximo.
Álvaro Sebastian Kruis conoce la distancia que puede haber entre un país y la imagen que otros construyen de él. Nació en Colombia, creció en una familia neerlandesa y comenzó su carrera política en el gobierno municipal de La Haya, antes de llegar al Parlamento Europeo. Hoy integra el Partido por la Libertad y el grupo Patriotas por Europa; desde su trabajo en comercio internacional, presta especial atención a América Latina. Esa trayectoria atraviesa su manera de hablar de Panamá. Tras visitar el país, dice haber encontrado interés en fortalecer los vínculos con Europa, pero también una inquietud persistente: que la Unión Europea siga tratando a Panamá a través de listas y sanciones, incluso cuando el país sostiene que ha avanzado para superar los señalamientos.
La entrevista ocurre en un momento decisivo para una de esas disputas: la Unión Europea podría retirar a Panamá de su lista de jurisdicciones no cooperativas en materia fiscal durante la revisión prevista para octubre. La decisión todavía no está tomada, pero coincide con la posición que Kruis expresó en esta conversación: a su juicio, los pasos dados por Panamá justifican su salida de la lista. El eurodiputado cuestiona, además, que el país conserve la tarjeta amarilla por pesca ilegal desde 2019 y pide a Europa concederle más tiempo para resolver los requisitos pendientes de trazabilidad.
Kruis no presenta estas demandas únicamente como un gesto hacia Panamá. Cree que Europa también tiene algo que perder si insiste en una relación marcada por las exigencias: menciona el Canal, la posición logística del país y las oportunidades que podrían abrirse para empresas europeas en futuros proyectos de infraestructura. En la entrevista habla de comercio y de la competencia con Estados Unidos y China, pero también de las tensiones que atraviesan a su propio partido, especialmente en materia migratoria. Su argumento sobre Panamá, sin embargo, vuelve a una idea sencilla: si Europa quiere ser un socio con espacio en el futuro del país, debe demostrar que sabe reconocer lo que este ha hecho hasta ahora.
En el municipio trabajaba sobre los asuntos de una ciudad. En el Parlamento Europeo, el alcance es mucho mayor. Mi labor en la Comisión de Comercio Internacional se extiende a distintas regiones del mundo, aunque presto especial atención a América Latina porque nací en Colombia.
Quiero contribuir a mejores acuerdos comerciales internacionales. Hoy esos acuerdos incluyen cuestiones que van más allá del comercio. Suelo decir que los valores no son un producto de exportación. Creo que debemos concentrarnos en facilitar un intercambio más barato y eficiente entre la Unión Europea y otras partes del mundo.
En Países Bajos tenemos, a mi juicio, grandes problemas con la inmigración irregular. Queremos recuperar el control de nuestras fronteras para decidir quién entra y quién permanece en el país. Estamos a favor de la migración legal, pero creemos que los Estados miembros han cedido demasiado poder a la Unión Europea en este ámbito.
Lo que antes parecía seguro ya no lo es. Estados Unidos está poniendo sus intereses primero y creo que Europa también debe defender los suyos. Las tensiones comerciales con China y Estados Unidos muestran que necesitamos diversificar los mercados de exportación.
América Latina ofrece grandes oportunidades para las empresas europeas. Compartimos vínculos históricos y culturales, pero la relación debe ser más equilibrada. En mis visitas a la región he escuchado la percepción de que la Unión Europea actúa como árbitro e impone exigencias. Deberíamos comportarnos como socios.
Eso también lo escuché en Panamá. El país quiere una mejor relación con Europa, pero sigue en la lista fiscal y mantiene la tarjeta amarilla para su sector pesquero. Creo que debemos ayudarlo a superar ambas situaciones.
Panamá ya salió de la lista europea relacionada con el blanqueo de capitales; fue un primer paso y un éxito. Ahora creo que es momento de retirarlo de la lista fiscal. Es hora de sacar a Panamá de la lista fiscal de la Unión Europea. El país ha tomado varias medidas desde la controversia de los Panama Papers.
También responde al interés europeo. Hemos escuchado al presidente panameño advertir que la permanencia en esa lista podría afectar la participación de empresas europeas en licitaciones de grandes obras. Hay oportunidades para compañías europeas, incluidas las neerlandesas, en los proyectos de infraestructura de Panamá.
Sí. Ante las tensiones con China y Estados Unidos, en varios países europeos ha surgido una reacción proteccionista. Países Bajos, sin embargo, tiene una economía muy orientada al mundo. Abrir nuestros mercados también puede abrir otros mercados a nuestras empresas. No deberíamos temerle a esa apertura.
Es una situación difícil. Cuando Europa responde a prácticas comerciales que considera desleales por parte de China, China también responde. Eso debería hacernos ver la necesidad de reducir nuestra dependencia y buscar oportunidades en otras regiones, incluida América Latina, por ejemplo en materias primas críticas.
Estados Unidos actúa con firmeza para proteger sus intereses. La Unión Europea también debe hacerlo, manteniendo buenas relaciones y tratando a sus socios en condiciones de igualdad.
Queremos limitar la inmigración irregular. También nos preocupa lo que considero una islamización de Países Bajos. Creo que algunas personas que llegan de países como Turquía, Marruecos o Somalia no comparten los valores culturales neerlandeses, y esa es una parte central de la posición de mi partido.
Mi experiencia fue distinta porque crecí en una familia neerlandesa y compartí su cultura. Por eso me identifico con la postura de mi partido sobre preservar esos valores.
Creo que deberíamos darle más atención. Tenemos mucho en común en términos históricos y culturales, y podemos construir una relación basada en el respeto. Eso beneficiaría tanto a Europa como a países como Panamá, Colombia, Perú y Ecuador.
Panamá recibió la tarjeta amarilla en 2019. Desde entonces reformó su legislación pesquera, contrató inspectores y abrió un centro de monitoreo, entre otras medidas. Queda un asunto relacionado con la trazabilidad del pescado para el que el país solicita más tiempo.
Creo que Europa debería concedérselo. Panamá ha dado pasos importantes y, si demuestra que resolvió también ese aspecto, llegará el momento de retirar la tarjeta amarilla.
Su ubicación y el Canal le dan una importancia geopolítica evidente. Las dificultades en otras rutas comerciales recuerdan la necesidad de contar con vías seguras. Europa debería prestar más atención a Panamá.
Sé que el país busca inversionistas para proyectos de infraestructura relacionados con el Canal. Hay empresas neerlandesas que podrían participar y quiero que tengan, al menos, la posibilidad de competir en esas licitaciones. Esa es otra razón por la que he planteado la salida de Panamá de la lista fiscal.
Presenté las preguntas por escrito hace unas dos semanas y todavía espero la respuesta. Si no es favorable, podría formular nuevas preguntas para saber qué pasos concretos espera la Comisión de Panamá.
También puedo solicitar una reunión con el comisario de Comercio, Maroš Šefčovič, o pedir un debate en el Parlamento Europeo. Por ahora, el primer paso es esperar la respuesta de la Comisión.






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